
– Tiene razón en ambas cosas.
– Pero las dejan allí con la esperanza de sembrar la duda en la cabeza de alguien, ¿verdad?
– Seguramente ésa es la lógica.
– Me parece interesante -comentó Martin-. La duda puede dar lugar a la vacilación. Y eso le daría a usted el tiempo que necesita para… ¿para qué? ¿Para escapar? ¿Para desenfundar el arma y protegerse?
Clayton barajó varias respuestas y al final las descartó todas. Bajó la vista hacia el maletín.
– He ayudado al Gobierno en varias ocasiones. Nunca ha sido una relación muy provechosa para mí.
El agente reprimió una risita.
– Quizá para usted no. El Gobierno, en cambio, quedó muy satisfecho. Le ponen por las nubes. Dígame, profesor, ¿la herida de su pierna ha cerrado bien?
Clayton asintió con la cabeza.
– Era de esperar que estuviese usted enterado de eso.
– El hombre que se la infligió… ¿qué ha sido de él?
– Sospecho que ya conoce usted la respuesta a esa pregunta.
– En efecto. Está en el corredor de la muerte, en Tejas, ¿no es así?
– Sí.
– Ya no puede presentar más apelaciones, ¿estoy en lo cierto? -Dudo que pueda.
– Entonces cualquier día de éstos le pondrán la inyección letal, ¿no cree?
– No creo nada.
– ¿Le invitarán a la ejecución, profesor? Imagino que bien podría ser un invitado de honor en esa velada tan especial. No lo habrían pillado sin su colaboración, ¿verdad? ¿Y a cuántas personas mató? ¿Fueron dieciséis?
– No, diecisiete. Unas prostitutas en Galveston. Y un inspector de policía.
– Ah, cierto. Diecisiete. Y usted habría podido ser el número dieciocho de no haber tenido buenos reflejos. Usaba un cuchillo, ¿correcto?
– Sí. Usaba un cuchillo. Muchos cuchillos diferentes. Al principio, una navaja automática italiana con una hoja de quince centímetros. Luego la cambió por un cuchillo de caza con sierra, después pasó a utilizar un bisturí y finalmente una cuchilla de afeitar recta como las de antes. Y en una o dos ocasiones empleó un cuchillo para untar afilado a mano, todo lo cual causó una confusión considerable a la policía. Pero no creo que asista a esa ejecución, no.
