O sea que jode, realmente jode, y cómo, tener que reconocer que fuimos mejores por carta. Con lo cual, por supuesto, también lo mejor de mí ha desaparecido para siempre, en gran parte. Sí, que quede muy claro: encima de todo, desapareció para siempre, casi una década de lo mejor de mí mismo. Y es que me morí un montón y por los siglos de los siglos desde el día aquel en que unos negros jijunas te asaltaron en Oakland, California, Fernanda Mía, y entre otras joyas de la corona alzaron en masa con unos quince años de lo menos malo que hubo en mí, según me contaste tú misma, Mía, en esta carta que me enviaste desde Oakland, sabe Dios en qué fecha pues olvidaste ponerla, porque en aquel momento no sabías ni el día en que vivías, pero que a juzgar por el contexto, o nuestro contexto, mejor dicho, debe ser de principios de los ochenta:


Querido Juan Manuel


Se ha interrumpido por completo el circuito. Debido a varias cosas. En primer lugar, me robaron tus cartas. Bueno, me las robaron porque guardo la colección entera en un bolso inmenso y unos espantosos gorilas (tamaño y color, quiero decir) me asaltaron en la calle, quitándome el bolso, mi lindo anillo de brillantes que era de mi abuela, unos collares de oro que tenía puestos, y un reloj. ¡Imagínate qué barbaridad! Me dio tanta cólera que salí corriendo tras ellos, y por suerte, porque mientras ellos corrían se les cayó mi billetera que tenía mis documentos. Por lo menos no perdí los documentos. Pero me quitaron bastantes cosas. Llamé a la policía pero no han podido encontrar nada. Esto desde hace ya meses. Lo único que me dijeron es que estaba loca de correr detrás de ellos y que por suerte no los alcancé. Efectivamente no hubiera podido hacer gran cosa contra tres negrotes horribles. Pero ya tú sabes que con cólera no piensa una en eso. Sólo tenía ganas de pegarles.



3 из 198