

Sara Gruen
La casa de los primates
Para todos los grandes primates del mundo,
especialmente para Panbanisha
«Dar naranja, dar mí comer naranja, mí comer naranja, dar comer naranja, dar mí tú».
Nim Chimpsky, años setenta
«Dame, dame más, dame más, dame, dame más».
Britney Spears, 2007
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Aunque el avión aún no había despegado, Osgood, el fotógrafo, ya roncaba plácidamente. Iba encajado en el asiento central, entre John Thigpen y una mujer con medias de color café y calzado cómodo. Se escoró notablemente hacia esta última, que, tras haber bajado con fuerza el reposabrazos, se apretujaba cada vez más contra la ventanilla. Osgood permanecía felizmente inconsciente. John lo miraba con cierta envidia. A su editora del Philadelphia Inquirer no le gustaba nada pagarles los hoteles y había insistido en que su visita al Laboratorio de Lenguaje de Grandes Primates durase un solo día. Así que, a pesar de que la noche anterior habían estado celebrando el Año Nuevo, John, Cat y Osgood habían cogido el vuelo de las seis hacia Kansas City aquella misma mañana. A John le habría encantado cerrar los ojos unos minutos aun a riesgo de acabar acurrucado contra Osgood, pero tenía que desarrollar sus notas mientras los detalles estaban todavía frescos.
No le cabían las rodillas en el sitio que le había tocado, así que las giró hacia el pasillo. Como Cat iba detrás de él, no podía reclinar el asiento. Conocía de sobra su carácter. Tenía una fila entera para ella sola -vaya suerte-, pero acababa de pedirle a la azafata dos ginebras y una tónica. Al parecer, el hecho de tener tres asientos para ella no era suficiente para superar el trauma de pasarse el día analizando textos lingüísticos cuando lo que esperaba era ver a seis grandes primates.
