
No hubo respuesta de la Estación Tela de Araña. La investigación adquirió rango de prioridad, y Dominus pidió nuevos datos. Se advirtió que la Estación Tela de Araña había guardado silencio durante las últimas siete horas, y que había correlación entre el uso de la energía y la señal de que el sistema de Enlace Mattin había sido activado (aunque aún no había sido utilizado para transmitir señales ni materia).
Dominus envió una señal de alerta a los cuarteles generales de Ceres y examinó todas las sondas más allá de Neptuno. La aguja de aceleración más cercana estaba a treinta millones de kilómetros de la Estación Tela de Araña: veintidós horas de camino.
Dominus envió las sondas segundos antes de que el problema fuera advertido por los humanos. La técnico de servicio en Ceres verificó las señales, anotó el tiempo y aprobó el uso de las sondas, pero no pidió un informe sobre el uso de energía por parte de la Estación Tela de Araña; su mente estaba en otro lugar, embebida en una cita tras el trabajo y en la perspectiva de salir con un nuevo acompañante, algo siempre excitante y nunca del todo predecible. Hacer horas extraordinarias examinando las fluctuaciones de energía en el Sistema Exterior no formaba parte de sus planes para esa tarde.
Conocía la magnitud de sus deberes y sus responsabilidades. Sabía lo que hacía. El que más tarde se convirtiera en el primer chivo expiatorio era simple evidencia de que se necesitaba uno.
