No lograré salir de esta. No sé si hay restos de mí debajo de sus uñas, no recuerdo si me ha agarrado o no, pero está mi sangre. Y mis huellas dactilares. Solo tengo dos opciones: huir o entregarme.

No, existía una tercera. Podía matarse.

Tenía que llegar a casa. Tenía que correr las cortinas de su habitación y convertirla en una cueva. Tomarse otro Imitrex, tumbarse, quizá dormir un poco. A lo mejor después sería capaz de pensar. ¿Y si iban a buscarlo mientras estaba dormido? Bueno, eso le ahorraría el problema de tener que escoger entre la Puerta #1, la Puerta #2 o la Puerta #3.

Junior cruzó la plaza principal del pueblo como si no pasara nada. Cuando alguien -un viejo al que solo reconoció vagamente- le cogió del brazo y le preguntó: «¿Qué ha pasado, Junior? ¿Qué sucede?», Junior se limitó a sacudir la cabeza, se quitó de encima la mano del viejo y siguió andando.

Detrás de él, la alarma de la ciudad bramaba como si fuera el fin del mundo.

CARRETERAS Y CAMINOS

1

En Chester's Mills había un periódico semanal que se llamaba Democrat. Lo cual era información engañosa, ya que su titularidad y dirección -dos cargos que ostentaba la formidable Julia Shumway- eran republicanas hasta la médula. La cabecera tenía más o menos este aspecto:


EL DEMOCRAT DE CHESTER'S MILL

Fund. 1890

Para servir a «¡El pequeño pueblo que parece una bota!»


Pero ese lema también era información engañosa. Chester's Mills no parecía una bota; parecía un calcetín de deporte de niño tan mugriento que podía tenerse solo en pie.



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