
Y poco antes del mediodía en el día de la Cúpula, todas esas vías quedaron cortadas de golpe.
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En la mayoría de las carreteras no sucedió nada tan espectacular como la explosión del Seneca V y el posterior accidente del camión maderero, pero sí hubo problemas. Claro que los hubo. Si el equivalente a una muralla de piedra invisible se levanta de repente alrededor de todo un pueblo, es inevitable que haya problemas.
Exactamente en el mismo instante en que la marmota quedó partida en dos mitades, un espantapájaros hizo lo mismo en el campo de calabazas de Eddie Chalmers, no muy lejos de Pretty Valley Road. El espantapájaros se alzaba justo en la línea que separaba Mills de TR-90. A Eddie siempre le había divertido esa ubicación dividida y le llamaba el Espantapájaros Sin Una Patria; señor ESUP, para abreviar. Una mitad del señor ESUP cayó en Mills; la otra cayó «en el TR», como habrían dicho los lugareños.
Segundos más tarde, un bandada de cuervos que iba directa a las calabazas de Eddie (a los cuervos nunca les había asustado el señor ESUP) se estrellaron contra algo en un lugar donde nunca antes había habido nada. La mayoría se partieron el cuello y cayeron formando montones negros sobre Pretty Valley Road y los campos adyacentes. Por todas partes, a ambos lados de la Cúpula, había pájaros que chocaban y caían muertos; sus cuerpos serían uno de los indicadores con los que finalmente se delineó la nueva barrera.
En God Creek Road, Bob Roux había estado recogiendo patatas. Volvía a casa a la hora de la comida (más conocida en esa zona como «armuerzo»), sentado a horcajadas en su viejo tractor Deere y escuchando música en su iPod recién estrenado, regalo de su mujer por el que acabaría siendo su último cumpleaños.
