Todos los demás lo miraron, la comprensión de su apuro dibujada en las caras.

– Eso es una crueldad. -Gervase hizo una pausa, entonces preguntó-. ¿Cuándo termina tu año?

– En Julio.

– Así que tienes la próxima temporada para elegir. -Charles dejó su jarra sobre la mesa y la empujó lejos-. Estamos todos en gran parte en el mismo barco. Si yo no encuentro una mujer para entonces, mis hermanas, mis cuñadas, y mi querida madre me volverán demente.

– No va a ser fácil, os aviso. -Tony Blake lanzó un vistazo alrededor de la mesa-. Después de escapar de mi madrina, busqué refugio en Boodles -sacudió la cabeza-. Fue un error. A la hora, no uno, sino dos caballeros que nunca antes había visto se me acercaron y ¡me invitaron a cenar!

– ¿Te abordaron en tu club? -Jack expresó la sorpresa común.

Tony asintió gravemente.

– La cosa fue peor. Entré en casa y descubrí una pila de invitaciones, literalmente de un pie de alta. El mayordomo dijo que habían empezado a llegar el día antes de que enviase noticias de que había llegado, había avisado a mi madrina de que podría dejarme caer por el lugar.

Se hizo el silencio mientras todos digerían aquello, lo extrapolaron, lo consideraron…

Christian se inclinó hacia delante.

– ¿Quién más ha estado en la ciudad?

Todos los demás negaron con la cabeza. Habían vuelto recientemente a Inglaterra y habían ido directamente a sus haciendas.

– Muy bien -continuó Christian-. ¿Significa eso que la próxima vez que aparezcamos por la ciudad, seremos acosados como Tony?

Todos se lo imaginaron…

– En realidad -dijo Deverell- es probable que sea mucho peor. Hay muchas familias de luto en estos momentos; incluso si están en la ciudad, no andarían por ahí abordando gente. El número de invitaciones debería ser menor.



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