Los japoneses se anexionaron Manchuria en 1937, aunque, en realidad, la habían invadido seis años antes. A medida que la guerra se fue recrudeciendo, los japoneses publicaron un edicto para que todo el arroz se destinara a su ejército. Los chinos se vieron forzados a alimentarse básicamente de bellotas, que los más jóvenes y los enfermos no podían digerir. Un día, volvía corriendo de la escuela por el serpenteante y frondoso sendero que flanqueaba el río al lado de nuestra casa. El nuevo director japonés nos había dejado salir temprano, y nos había ordenado que volviéramos a casa y les contáramos a nuestros padres las últimas victorias japonesas en Mancharía. Llevaba puesto mi nuevo uniforme blanco, y me entretenía observando los motivos que la luz del sol dibujaba sobre mí al filtrarse entre los árboles bajo los que correteaba. Me crucé con el doctor Chou, el médico del pueblo. El doctor Chou conocía tanto la medicina occidental como la tradicional, y en ese momento llevaba una caja de frascos bajo el brazo. Era conocido por su elegancia en el vestir, y aquel día iba engalanado con un traje entallado y una gabardina al estilo occidental, y con un sombrero panamá. El tiempo suave parecía complacerle a él también, y nos sonreímos mutuamente.

Después de cruzarme con el médico, llegué al recodo del río. Allí el bosque era más oscuro y las plantas trepadoras envolvían los árboles. Me sorprendí al oír un chillido penetrante, y me paré en seco cuando un agricultor chino con el rostro magullado y herido pasó tambaleándose junto a mí. Un grupo de soldados japoneses saltó de entre la vegetación tras él y nos rodeó a ambos, agitando las bayonetas.



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