– ¿Y cómo puedo yo ayudaros en eso?

– Paciencia, mi querido Selb. Se nos había prometido un sistema de máxima seguridad. Eso quiere decir contraseñas, códigos de acceso, filtros de datos, efectos Doomsday y qué sé yo. Todo ello con el fin de que nadie ande metiendo las narices en nuestro sistema. Pero eso justo es lo que ha pasado.

– Mi querido Korten… -Acostumbrados a ello desde los tiempos escolares, no hemos pasado de llamamos por el apellido, siendo como somos los mejores amigos. Pero «mi querido Selb» me crispa, y él lo sabe-. Mi querido Korten, ya de niño tenía problemas con el ábaco. ¿Y ahora pretendes que maneje claves, códigos de acceso y no sé qué historias de datos?

– No, lo que había que aclarar en lo tocante a los ordenadores ya se ha hecho. Si he entendido bien a Firner, hay una lista de personas que pueden haberse infiltrado en nuestro sistema, y se trata tan sólo de encontrar cuál de ellas ha sido. Ahí es donde entras tú. Tienes que indagar, observar, vigilar, hacer las preguntas adecuadas…, lo de siempre.

Quise saber más y seguir preguntando, pero me cortó.

– Eso es todo lo que sé; Firner te dará más detalles. No vamos a hablar durante la comida sólo de este enojoso asunto…, en los años que han pasado desde la muerte de Klara han sido muy raras las ocasiones que hemos tenido para hablar.

Así que hablamos de los viejos tiempos. «¿Sabías que…?» No me gustan los viejos tiempos, los he empaquetado y quitado de en medio. Debería haber prestado más atención a Korten cuando me habló de los sacrificios que hemos tenido que hacer y exigir. Pero eso sólo se me ocurrió mucho más tarde.

Sobre los nuevos tiempos tenemos menos que decirnos. Que su hijo hubiera llegado a diputado en el Parlamento federal no me sorprendió, enseguida había destacado por su precocidad. El mismo Korten parecía despreciarlo, para mostrarse tanto más orgulloso de los nietos. Marion había sido admitida en la Fundación de Estudios del Pueblo Alemán, Ulrich había ganado un premio La Juventud Investiga con un trabajo sobre los pares de números primos. Yo podría haberle hablado de Turbo, mi gato, pero lo dejé estar.



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