
En este momento otro miembro del kiorremi, la cámara alta o parlamento, presidida por Estraven, se abre paso acercándose a empellones y habla con Estraven. Es un primo del rey: Pemmer Harge rem ir Tibe. Habla en voz baja, y adopta una postura algo insolente, sonriendo a menudo. Estraven, sudando como hielo al sol, pulido y frío como el hielo, responde a los murmullos de Tibe en voz alta, y en un tono de cortesía trivial, de modo que el otro queda haciendo el papel de tonto. Presto atención, mientras observo que el rey termina el trabajo, y no entiendo nada, excepto la animosidad entre Tibe y Estraven. No tiene relación conmigo, de cualquier modo, pero me interesa la conducta de esta gente que manda en una nación, según el antiguo estilo, y en las fortunas de veinte millones de habitantes. La complejidad y la sutileza del poder han aumentado tanto entre las gentes del Ecumen que sólo una mente privilegiada puede dominarlo de algún modo; aquí ese poder está todavía limitado, todavía visible. En Estraven, por ejemplo, el poder es como una expansión de su propio carácter: no puede hacer un gesto cualquiera o decir una palabra sin llamar la atención. Estraven lo sabe, y ese conocimiento le da un sentido de la realidad del que casi todos los demás carecen: una cierta densidad de ser, sustancialidad, grandeza humana. Nada tiene tanto éxito como el éxito.
No confío en Estraven, cuyos motivos son siempre oscuros; no me agrada; sin embargo siento esa autoridad y respondo a ella, así como respondo al calor del sol.
Estoy todavía entretenido en estos pensamientos, cuando el sol palidece detrás de unas nubes, y una ráfaga de lluvia pronto corre río arriba, dispersando a la multitud en los terraplenes, oscureciendo el cielo. Cuando el rey desciende por la escalerilla la luz irrumpe una última vez, y la figura blanca y el arco inmenso se alzan un instante vívidos y espléndidos en el cielo oscuro de la tormenta. Las nubes se cierran. Un viento frío viene desgarrando la calle Puerto—y—Palacio, el río es ahora gris, y los árboles se estremecen. El desfile ha concluido. Media hora después esta nevando.
