«No», contestó Montalbano primero.

«Pues te la voy a decir de todas maneras. Tú quieres sentirte viejo porque te resulta cómodo. Puesto que te has cansado de lo que eres y lo que haces, te estás construyendo la coartada de la vejez. Pero si eso es lo que sientes, ¿por qué no presentas una buena carta de dimisión y te largas?»

«¿Y qué hago después?»

«Haces el viejo. Te buscas un perro para que te haga compañía, sales por la mañana a comprar el periódico, te sientas en un banco, sueltas el perro y te pones a leer, empezando por las esquelas.»

«¿Por qué por las esquelas?»

«Porque si lees que alguien de tu edad ha muerto mientras que tú sigues vivito y coleando, experimentas cierta satisfacción que te ayuda a seguir viviendo un mínimo de veinticuatro horas más. Al cabo de una hora…»

«Al cabo de una hora os vais a tomar por culo tú y tu perro», dijo Montalbano primero, helado ante aquella perspectiva.

«Pues entonces levántate, vete a trabajar y no me toques los cojones», replicó Montalbano segundo.

Mientras se duchaba, sonó el teléfono. Fue a contestar tal como estaba, dejando a su espalda un reguero de agua. Total, más tarde llegaría Adelina y lo limpiaría.

– Dottori,¿qué he hecho, lo he despertado?

– No, Catarè; ya estaba despierto.

– ¿Seguro seguro, dottori?¿No me lo dice por cumplido?

– No; quédate tranquilo. ¿Qué hay?

– Dottori,¿qué puede haber para que yo lo llame a primera hora de la mañana?

– Catarè, ¿eres consciente de que cuando me llamas nunca me das una buena noticia?

En cuestión de un momento la voz de Catarella adquirió un tono quejumbroso.

– ¡Ah, dottori, dottori!¿Y eso por qué lo dice? ¿Me quiere hacer sufrir? Si por mí fuera, cada mañana lo despertaría con una buena noticia, qué sé yo, que ha ganado treinta mil millones en la lotería, que lo han nombrado jefe de policía, que…



2 из 164