
– Adelante -dijo suavemente.
– Todo claro -proclamó la incorpórea voz. El último de sus hombres estaba a salvo.
Rio se pasó una mano sobre la cara, repentinamente cansado. Se había acabado. No tenía que tomar otra vida. Por una vez el aislamiento de su existencia era invitante. Quería tenderse y escuchar la lluvia, para poder dormir. Estar agradecido de estar con vida un día más. Metió los prismáticos en su mochila, sus movimientos lentos y ágiles, cuidando de no llamar la atención. Su señal envió a Fritz arrastrándose fuera de la maraña de raíces, profundizando en el límite de la vegetación arbórea. Los pequeños leopardos se mezclaban perfectamente con las hojas y el suelo de la jungla. Era casi imposible detectarlos.
El relámpago destelló en lo alto, el estruendo del trueno creciendo a través del bosque. Rio no sabía si fue el trueno o los gatos los que asustaron a un jabalí adulto que huyó a través de la maleza. Inmediatamente el cielo explotó con ráfagas de llamas rojas, una oleada de balas tendidas como un puente sobre el río que destrozaron la maraña de raíces. Astillas de corteza salpicaron su cara y cuello, cayendo inofensivas sobre su espesa ropa. Algo le mordió la cadera, resbalando sobre la carne y despellejándola a medida que continuaba avanzando.
Rio apoyó el rifle en su hombro, su objetivo ya elegido, lanzó dos mortales rondas en respuesta. Siguió con una ráfaga de fuego, tirándose rápidamente al suelo para cubrirse mientras se largaba a seguir a los gatos. Sus perseguidores no serían capaces de cruzar el río, y con dos muertos o heridos, abandonarían la búsqueda por el momento. Pero volverían y traerían refuerzos. Esa era una manera de vida. Ninguna que hubiese elegido necesariamente, pero era la única que había elegido.
Dispersos tiros zigzaguearon a través de los arbustos, enfadadas abejas sin puntería. El río ahogó las amenazas que le lanzaban, las promesas de retribución y sangre. Se echó el rifle al hombro y se deslizó en el interior del profundo bosque, permitiendo que la progresiva vegetación lo escudara.
