Dejó caer la revista al suelo y se dio la vuelta para salir huyendo, pero la habían acorralado. Intentó retroceder, pero estaban detrás de ella… delante… por todas partes… con sus cegadores flashes y su vocerío despiadado. Su olor le anegó el olfato, el olor a sudor, cigarrillos, colonia barata. Alguien la pisó. Un codo se clavó en su costado. Estrecharon el cerco robándole el aire, asfixiándola…


Bramwell Shepard contemplaba la desagradable escena desde los escalones del restaurante. Acababa de salir a la calle cuando la conmoción estalló y se detuvo para ver qué pasaba. Hacía dos años que no veía a Georgie y entonces sólo de forma fugaz, pero ahora, mientras contemplaba cómo la acosaban los paparazzi, los amargos sentimientos del pasado volvieron a invadirlo.

La parte alta de la escalinata le ofrecía una buena panorámica del caos desatado. Algunos reporteros sostenían las cámaras por encima de sus cabezas, mientras que otros prácticamente pegaban los objetivos a la cara de la actriz. Ella llevaba tratando con la prensa desde que era una niña, pero nada la había preparado para el descontrol del último año. Lástima que no hubiera ningún héroe por los alrededores para rescatarla.

Bram se había pasado ocho miserables años rescatando a Georgie de situaciones peliagudas, pero sus días de interpretar al galante Skip Scofield en su papel de salvador de la intrépida Scooter Brown, personaje representado por Georgie, hacía tiempo que habían quedado atrás. En esta ocasión, Scooter Brown tendría que salvar su propio pellejo o, aún más probable, esperar a que su papá lo hiciera por ella.

Los paparazzi no lo habían visto. Últimamente, él no era blanco de sus objetivos, aunque sí lo habría sido si hubiera aparecido en el mismo encuadre que Georgie.



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