7 de noviembre


La Ciudad de México tiene catorce millones de habitantes. No volveré a ver a los real visceralistas. Tampoco volveré a la facultad ni al taller de Álamo. Ya veremos cómo me las arreglo con mis tíos. He terminado el libro de Louys, Afrodita, y ahora estoy leyendo a los poetas mexicanos muertos, mis futuros colegas.


8 de noviembre


he descubierto un poema maravilloso. De su autor, Efrén Rebolledo (1877-1929), nunca me dijeron nada en mis clases de literatura. Lo transcribo:


El vampiro

Ruedan tus rizos lóbregos y gruesos

por tus cándidas formas como un río,

y esparzo en su raudal, crespo y sombrío,

las rosas encendidas de mis besos.


En tanto que descojo los espesos

anillos, siento el roce leve y frío

de tu mano, y un largo calosfrío

me recorre y penetra hasta los huesos.


Tus pupilas caóticas y hurañas

destellan cuando escuchan el suspiro

que sale desgarrando las entrañas,


y mientras yo agonizo, tú sedienta,

finges un negro y pertinaz vampiro

que de mi sangre ardiente se sustenta.


La primera vez que lo leí (hace unas horas) no pude evitar encerrarme con llave en mi cuarto y proceder a masturbarme mientras lo recitaba una, dos, tres, hasta diez o quince veces, imaginando a Rosario, la camarera, a cuatro patas encima de mí, pidiéndome que le escribiera un poema para ese ser querido y añorado o rogándome que la clavara sobre la cama con mi verga ardiente.



11 из 711