Requena (que aún no pertenecía al grupo) y Barrios corroboran las palabras de Pancho Rodríguez. Allí estaba la simiente del realismo visceral, dice Barrios. Pancho Rodríguez no es de la misma opinión. Según él, Lee Harvey Oswald debió continuar, la cortaron justo en el mejor momento, cuando la gente empezaba a conocernos, dice. ¿Qué gente? Pues los otros poetas, claro, los estudiantes de Filosofía y Letras, las chavitas que escribían poesía y que acudían semanalmente a los cien talleres abiertos como flores en el DF. Barrios y Requena no están de acuerdo, aunque hablan con nostalgia de la revista.

– ¿Hay muchas poetisas?

– Decirles poetisas queda un poco gacho -dijo Pancho.

– Se les dice poetas -dijo Barrios.

– ¿Pero hay muchas?

– Como nunca antes en la historia de México -dijo Pancho-. Levantas una piedra y encuentras a una chava escribiendo de sus cositas.

– ¿Y cómo Lima fue capaz de financiar él solo Lee Harvey Oswald? -pregunté.

Me pareció prudente no insistir por el momento en el tema poetisas.

– Ah, poeta García Madero, un tipo como Ulises Lima es capaz de hacer cualquier cosa por la poesía -dijo Barrios soñadoramente.

Después hablamos sobre el nombre de la revista, que a mí me pareció genial.

– A ver si lo he entendido. Los poetas, según Ulises Lima, son como Lee Harvey Oswald. ¿Es así?

– Más o menos -dijo Pancho Rodríguez-. Yo le sugerí que le pusiera Los bastardos de Sor Juana, que suena más mexicano, pero nuestro carnal se muere por las historias de los gringos.

– En realidad Ulises creía que ya existía una editorial que se llamaba así, pero estaba equivocado y cuando se dio cuenta de su error decidió ponerle a su revista ese nombre -dijo Barrios.

– ¿Qué editorial?

– La P.-J. Oswald, de París, la que publicó un libro de Mathieu Messagier.



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