
Wells, quienes compartieron conmigo sus técnicas de investigación; Steve Bernd, David Boyd, Greg Hammond, Peter Mígala y Sean Rogers, que fueron la base de mi equipo de vigilancia de alta tecnología; Cindy Bonnette, Jeannine Butcavage, Vincent Conlon, Mike Martinson y Bill Spiro, por su enorme experiencia y pericia en la industria bancaria; Noel Hillman y Dan Gitner, por su asesoramiento legal; Cary Lubetsky, Eric Meier y Roger White, quienes me volvieron a presentar a mi ciudad natal; Sue Cocking, Greg Cohen, Jon Constine, Tom Deardorff, Edna Farley, Michele y Tom Heidenberger, Karen Kutger, Ray McAllister, Ken Robson, Sharon Silva-Lamberson, Joao Morgado, Debra Roberts, Sheryl Sandeberg, Tom Shaw, y mi padre, por guiarme a través del resto de los detalles; Rob Weisbach, por ser el primero en decir que sí; todos mis amigos masculinos (ya sabéis a quiénes me refiero…, si sonríes, estoy hablando de ti), por ser los hermanos que viven en este libro; y, como siempre, a mi familia y amigos, cuyos nombres habitan en estas páginas.
Por último, me gustaría agradecer a mi familia en Warner Books: Larry Kirschbaum, Maureen Egen, Tina Andreadis, Emi Battaglia, Karen Torres, Martha Otis, Chris Barba, la fuerza de trabajo de ventas más diligente del negocio del espectáculo, y el resto de la gente asombrosamente amable que siempre me hace sentir en casa cuando estoy allí. Mi sincero agradecimiento y un gran abrazo también para Jamie Raab, por su tremendo entusiasmo y por estar siempre alentando en nuestro rincón. Jamie, nunca podré agradecerte lo suficiente por hacernos miembros de la familia. Finalmente, quiero dar unas gracias masivas a mi editor, Rob McMahon, quien se encarga de todo el trabajo pesado. En pocas palabras, Rob es un príncipe entre los hombres. Su ímpetu editorial es tan honesto como su conducta, y sus sugerencias siempre me empujan a buscar aquello que es mejor. Gracias, Rob, por tu amistad y, lo que es más importante, por tu fe.