
—¿Alguna noticia? —preguntó.
—No —respondió Peter—. Al parecer estamos en una especie de punto muerto. Hemos facilitado el libre acceso al distrito del ascensor a los miembros de las fuerzas policiales atrapados fuera, y ellos controlan la estación ferroviaria, el aeropuerto del borde sur, y las líneas de metro que cubren el trayecto entre esos puntos y el Enchufe.
—¿Los aviones que los evacuaron de Burroughs aterrizaron aquí?
—Sí. Al parecer la mayoría regresa a la Tierra. Están bastante apretujados ahí dentro.
—¿Vuelven a la Tierra o van a quedarse en la órbita marciana?
—Regresan a la Tierra. No creo que a estas alturas confíen mucho en la órbita.
Peter sonrió al decir esto. Había hecho mucho en el espacio, apoyando las iniciativas de Sax y otros. Su hijo, el hombre del espacio, el verde. Hacía muchos años que apenas se hablaban.
—¿Y qué es lo que piensan hacer ahora? —preguntó Ann.
—No lo sé. No creo que podamos apoderarnos del ascensor ni tampoco del Enchufe. E incluso si saliera bien, ellos siempre podrían derribar el ascensor.
—¿Y?
—Bueno… —De pronto Peter pareció preocupado.— No creo que sea conveniente. ¿Y tú?
—Creo que habría que echarlo abajo.
—Entonces será mejor que te alejes de la línea de caída —dijo Peter, ahora irritado.
—Lo haré.
—No quiero que nadie lo derribe sin antes discutirlo a fondo —declaró él con acritud—. Esto es importante. Tiene que ser una decisión tomada por toda la comunidad marciana. Yo pienso que necesitamos el ascensor.
—Sólo que no tenemos manera de apoderarnos de él.
—Eso aún está por ver. Mientras tanto, no es algo que puedas decidir por tu cuenta y riesgo. Me enteré de lo sucedido en Burroughs, pero aquí es diferente, ¿entiendes? Aquí decidimos la estrategia entre todos. Hay que discutirlo.
