
En el cementerio brota el manantial de agua clara que lava los huesos de los muertos, también el hígado extrañamente frío de los muertos; le llaman la fuente del Miangueiro y en ella se mojan las carnes los leprosos, para encontrar alivio. El mirlo canta en el mismo ciprés en el que de noche entona su solitario lamento el ruiseñor. Ahora ya no quedan casi leprosos; no es como antes, que abundaban mucho y silbaban como lechuzas para avisarse de que andaban los frailes de las misiones buscándolos para darles la absolución.
Las ranas suelen despertarse todos los años pasado San José y su canto anuncia que ya viene poco a poco la primavera con sus malas noticias y sus trabajos. Las ranas son animalitos mágicos y medio supersticiosos; cociendo cabezas de rana, cinco o seis cabezas de rana, con la flor del azúmbar, se obtiene un jarabito que levanta el ánimo y cura la desazón de las novias o escozor de virgo. Las ranas son difíciles de amaestrar porque, cuando se tienen ya casi amaestradas, se pierde la paciencia y se les espachurra de un golpe. Policarpo el de la Bagañeira es quien mejor amaestra ranas de todo el país: ranas, mirlos, donosiñas, raposas, de todo.
