
Así es como empiezo a recibir clases de violín de la señorita Rosemary Orr. A partir de esas clases y de los informes del grupo infantil, mi padre empieza a crear la leyenda de Gideon que he tenido que soportar toda la vida como si fuera una condena.
«¿Por qué hizo que la historia girara en torno al abuelo? -sin duda me preguntará-. ¿Por qué no se centró en los personajes principales y dejó unos cuantos detalles sueltos? ¿No le preocupaba que alguien se presentara de repente, rebatiera la historia y contara la verdad?»
Le responderé de la única forma que soy capaz, doctora Rose: «Tendrá que preguntárselo a mi padre».
21 de agosto
Recuerdo mis primeras clases con Rosemary Orr: cómo mi impaciencia choca con su obsesión por los detalles minuciosos. «Encuentra la postura, estimado Gideon. Encuentra la postura», me dice. Y con un violín de dieciseisavo entre la barbilla y el hombro -porque en aquella época ése era el instrumento más pequeño que se podía conseguir-soporto las continuas correcciones que la señorita Orr hace de mi postura. Me arquea los dedos sobre el diapasón; me hace tensar la muñeca izquierda; me coge del hombro para que mueva bien el arco; me endereza la espalda y usa un largo puntero para darme golpecitos en la entrepierna cuando quiere que cambie de postura. Mientras toco -cuando por fin me permite hacerlo-su voz no cesa de sonar entre las escalas y los arpegios que al principio me hace tocar. «Espalda recta, hombros caídos, Gideon querido. El pulgar bajo esta parte del arco, no bajo la parte plateada, por favor, y no lo pongas a un lado. Todo el brazo hace el movimiento ascendente del arco. Son golpes largos e independientes. ¡No, no! Estás usando la parte corpulenta de los dedos, querido.» Continuamente me hace tocar una nota y me prepara para la siguiente. Vamos haciendo este ejercicio sin parar hasta que está satisfecha y todas las partes corporales que son extensiones de la mano derecha -es decir, la muñeca, el codo, el brazo y el omoplato- se mueven al compás del arco cual eje y rueda, y todo el cuerpo hace que el arco se mueva en la dirección correcta.
