

Arthur Golden
Memorias De Una Geisha
1997
Título Original: Memoirs of a Geisha
Traducción: (1997) Pilar Vázquez
Nota del traductor
Cuando tenía catorce años, mi padre me llevó una noche, en Kioto, a un espectáculo de danza. Era la primavera de 1936. Sólo me acuerdo de dos cosas. La primera es que él y yo éramos los únicos occidentales del público; hacía tan sólo unas semanas que habíamos dejado nuestro hogar en Holanda y todavía no me había acostumbrado al aislamiento cultural, por eso lo recuerdo tan vividamente. La segunda es lo contento que me sentí, tras meses de estudio intensivo del japonés, al darme cuenta de que entendía fragmentos de las conversaciones que oía a mi alrededor. De las jóvenes japonesas que bailaron ante mí en el estrado no recuerdo nada, salvo una vaga imagen de kimonos de brillantes colores. Por entonces no podía saber que casi cincuenta años después, en un lugar tan lejano como Nueva York, una de ellas se convertiría en una buena amiga mía y me dictaría sus memorias.
Como historiador que soy, siempre he considerado que las memorias constituyen un material de primera mano, que no sólo nos proporciona datos de la persona en cuestión, sino también del mundo en el que ha vivido. Difieren de la biografía en que el autor de las memorias nunca tiene el grado de perspectiva que, de por sí, suele poseer el biógrafo. La autobiografía, si es que tal cosa existe, es algo así como preguntarle a un conejo qué aspecto tiene cuando salta por el prado. ¿Cómo va a saberlo? Pero, por otro lado, si queremos saber algo del prado, nadie está en mejor posición que el conejo para decírnoslo, siempre que tengamos en cuenta que nos perderemos todas aquellas cosas que el conejo no haya observado debido a su posición en un momento dado.
