
Tomé gusto, por la anochecida, de subirme a éste, y estarme más de una hora asomado. Claro que era por las luces. En Esmelle, en la noche, todo se hacía con luces. Ya no digo de las luces de Belvis, que bien las veía subir y bajar, como pájaros encendidos, por las ventanas de ambas torres; por veces, todo Belvis quedaba a oscuras, pero al poco rato se encendía una luz pequeñita, como el ojo de un mochuelo, en el balcón de la fachada de respeto, y esa luz corría por el castillo, y yo veía cómo pasaba de una cámara a otra, siguiéndola cuando se derramaba y guiñaba por ventanas y saeteras, y súbitamente hacía unas señas en lo alto de las almenas. Yo sabía que era el farol del enano del castillo, que hacía la última ronda. Ya no digo tampoco de las luces del Villar, con las que jugaban las ramas de los abedules. Hablo de las luces que andaban por los caminos, por el camino real viniendo de Meira, y por el camino de Quintas, y por el camino viejo, que se ahoga en la laguna de los Cabos, y también por la laguna. Y corrían y se cruzaban, y de cuando en cuando se juntaban tres o cuatro, que hacían como una pequeña hoguera en el corazón de k oscura noche. Caballos galopando debían de llevarlas, tal corrían. Y si alguna tomaba el camino de Miranda y venía hada mí, y hasta parecía, tan viva venía, que silbaba, prendía el miedo en mí como alfiler en el acerico, y sin desnudarme me metía en el catre, y me tapaba hasta la cabeza con la manta: una manta a fajas verdes, que por ambos lados tenía escrito en letras coloradas: DAVID. Yo tenía, en verdad, a aquel David nombrado por mi defensor, y hasta le rezaba. Pero ahora se me ocurre pensar que tales miedos me gustaban… Al alba venían a verme, formando todavía parte de mis sueños, las campanas de Quintas y el arrullo de las palomas en el tejado. Una mañana por el tiempo de la siega fue cuando vi en la laguna el barco velero, y otra de otoño, en lo alto del Castro, la viga de oro. El invierno es largo, largo, en Esmelle, y como no caiga una luna de heladas, todo él de lluvia y de nieve es. Pero el verano es dulce, y también la otoñada.