
Junto a la verja del costado oeste había aparcado un Buick blanco y rojo. A su lado estaba Dave Wire. Jim Bruton y Harry Andre se encontraban apoyados en un coche patrulla de la Oficina del Sheriff.
Estaba allí Al Etzel, y también Blackie McGowan.
Hallinen y Lawton entraron con el coche en el aparcamiento. Virg Ervin y el agente encargado de tomar las huellas llegaron en coches separados.
Dave Wire se acercó y expuso todo lo averiguado.
Tras tomar nota del número de matrícula emitido por radio, había empezado a buscar en calles secundarias y aparcamientos. Encontró el coche de la víctima a las 15.35. No habían echado el seguro y no parecía que lo hubieran forzado. Inspeccionó los asientos delanteros y el trasero y no encontró las llaves, el bolso, la ropa interior ni los zapatos de la víctima. Lo que sí encontró fue media docena de latas de cerveza vacías, envueltas en papel marrón y atadas con un cordel.
Hallinen y Lawton examinaron el coche. Estaba perfectamente limpio tanto por dentro como por fuera. El agente del laboratorio sacó fotografías del interior y del exterior y empolvó las puertas y el salpicadero, pero no encontró huellas latentes viables.
Llegó un agente de Temple, que procedió a confiscar el coche y llevárselo a un concesionario Ford para que lo guardaran.
En la franja de hierba de la acera empezaba a formarse un grupo de mirones. Wire señaló a Roy Dunn y Al Manganiello, dos camareros del Desert Inn.
Andre y Hallinen hablaron con ellos. Dunn dijo que la noche anterior estaba trabajando; Manganiello dijo que sólo trabajaba algunos días. Hallinen les mostró la fotografía de la víctima que le había dado la señora Krycki. Los dos camareros afirmaron que nunca habían visto a esa mujer.
Nunca habían visto el Buick blanco y rojo. Dunn estaba a cargo del bar la noche anterior, pero se encontraba detrás de la barra, en una esquina, y desde ahí no podía ver salir y entrar a los clientes. Los dos calcularon que el Buick llevaba aparcado detrás del bar todo el día. Quizás incluso toda la noche anterior.
