
King's Row medía cinco metros de anchura. El campo de deportes se extendía a lo largo del límite norte. Tras el bordillo de la acera sur había una valla de alambre cubierta de maleza y una mata de hiedra de un metro de altura. El cuerpo estaba situado a setenta y cinco metros al este de la esquina de Tyler y King's Row.
El pie izquierdo de la víctima quedaba a cincuenta centímetros del bordillo. El peso del cuerpo había aplastado la hiedra.
Lawton y Hallinen contemplaron el cadáver. Empezaban a aparecer los primeros síntomas del rigor mortis: la mano cerrada de la víctima había quedado rígida.
Hallinen observó un anillo con una perla falsa en el dedo corazón. Lawton comentó que quizá los ayudase a identificarla.
El rostro había tomado un ligero tono morado. Tenía todo el aspecto de un cuerpo abandonado a altas horas de la noche.
Vic Cavallero dijo a los entrenadores y a los chavales del equipo de béisbol que se fueran a casa. Dave Wire y Virg Ervin se mezclaron con los curiosos. Se presentó en el lugar el sargento Harry Andre, un tipo de Homicidios impaciente por echar una mano.
Llegaron los miembros de la prensa. Algunos agentes de Temple se acercaron en los coches patrulla para echar un vistazo a la escena del crimen. Pasó por allí la mitad de los veintiséis hombres del Departamento de Policía de El Monte. Las mujeres blancas muertas constituían una especie de cebo.
Apareció el ayudante del forense. El fotógrafo le dijo que podía examinar a la víctima.
Hallinen y Lawton se abrieron paso hasta la primera fila para mirar. El ayudante del forense levantó el gabán y dejó al descubierto la mitad inferior del cuerpo.
No llevaba bragas, liguero ni pantis. El vestido estaba subido por encima de las caderas. No llevaba pantis ni zapatos. Esa media enrollada en torno al tobillo izquierdo. Magulladuras y pequeñas escoriaciones en la cara interna de los muslos. Unas marcas en la cadera izquierda revelaban que había sido arrastrada por el asfalto.
