Estoy en la cima de una escalinata de piedra que desciende hacia una sala larga y ancha. A cada lado de la sala hay una hilera de pilares de piedra, y entre los pilares veo escenas pintadas en las paredes, en color siena, amarillo y azul chillón.

Debe ser la Antecámara, porque Zoe dijo que las paredes estaban pintadas con escenas del viaje del alma hacia la muerte, y está Anubis, pesando el alma, y detrás de él hay un mandril que devora algo, y enfrente de donde estoy parada hay una pintura de un barco cruzando el Nilo azul. Es de oro y en él se acuclillan cuatro almas en fila sus ojos delineados con kohl miran hacia adelante, hacia la costa. Junto a ellas, en el agua transparente, nada Sebeck, el semidiós con forma de cocodrilo.

Comienzo a bajar los escalones. Hay un umbral en el extremo más alejado de la sala; si esta es la Antecámara, entonces esa puerta debe conducir a la Cámara Mortuoria.

Zoe dijo que la tumba comprendía sólo tres cámaras y yo misma vi el plano en el avión: los escalones, el pasillo recto y luego las tres cámaras poco impresionantes, una tras otra; Antecámara, Cámara Mortuoria y Sala del Juicio, una tras otra.

Así que esta es la Antecámara, aunque sea más grande de lo que figuraba en el mapa, y Zoe obviamente ha avanzado hasta la Cámara Mortuoria y está parada junto al sarcófago de Tutankhamón, leyendo la guía de viaje en voz alta. Cuando entre, ella levantará la vista y dirá: “El sarcófago de cuarcita tiene grabados algunos pasajes del “Libro de los Muertos”.

He llegado a la mitad de la escalinata y desde aquí veo la pintura que representa el pesaje del alma. Anubis, con su cabeza de chacal, está parado a un costado de la balanza amarilla; el difunto está del otro lado, leyendo su confesión de un papiro. Bajo dos escalones más, hasta que estoy al mismo nivel que la balanza, y me siento.



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