– ¿Necesitas algo de dinero?-pregunté.

– Qué va, tengo suficiente.

Los dos contamos con nuestros salarios, pero además nos llegan pequeños beneficios de un fondo que se creó cuando abrieron un pozo de petróleo en las tierras de mis padres. El pozo se secó en unos pocos años, pero mis padres y después la abuela se aseguraron de invertir bien el dinero. Ese colchón nos había ahorrado a mí y a Jason un montón de problemas. No sé cómo hubiera podido mantenernos la abuela de no haber sido por aquel dinero. Ella estaba decidida a no vender ni una parcela de las tierras, pero sus ingresos se reducen a los de la seguridad social. Esa es una de las razones por las que no me he ido a un apartamento: si vivo con ella y traigo comida, le parece razonable; pero si compro la comida, la llevo a su casa y la dejo en la mesa, y después me vuelvo a mi casa, eso es caridad y la pone furiosa.

– ¿Y de qué tipo lo has colocado? -le pregunté, solo para mostrar interés.

Estaba ansioso por contárnoslo. Jason es un fanático de los aparatos eléctricos y quería describirnos con detalle todas las comparaciones que había hecho antes de comprar el nuevo calentador. Lo escuché con toda la atención que pude reunir. Justo en ese momento se interrumpió y dijo:

– Ey, Sook, ¿te acuerdas de Maudette Pickens?

– Claro -respondí sorprendida-. Fuimos a la misma clase.



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