
– Soy Matthew Harrow. Esta noche les presentamos este informativo especial desde Shreveport, donde, al igual que en todos los centros de emisión del país, contamos con un invitado.
La cámara amplió el enfoque para mostrar a una atractiva mujer. Su rostro me era ligeramente familiar. Dedicó a la cámara un gesto de saludo calculado. Vestía una especie de muumuu hawaiano, osada elección para salir en televisión.
– Les presento a Patricia Crimmins, que se mudó a Shreveport hace algunas semanas. Patty… ¿Puedo llamarte Patty?
– En realidad prefiero Patricia -dijo la morena. Recordé que era uno de los miembros de la manada que había sido absorbida por la de Alcide. Las partes de su cuerpo que no estaban cubiertas por el muumuu parecían fuertes y bien formadas. Sonrió a Matthew Harrow.
– Estoy aquí esta noche en representación de un pueblo que ha estado viviendo entre vosotros desde hace muchos años. Dado el éxito de los vampiros a la hora de darse a conocer, hemos decidido que ha llegado el momento de hablaros de nuestra existencia. Después de todo, los vampiros están muertos. Ni siquiera son humanos. Nosotros, sin embargo, somos gente normal, como vosotros, salvo por una leve diferencia. -Sam subió el volumen. Los parroquianos empezaron a removerse sobre sus asientos para ver lo que pasaba.
La sonrisa del locutor se había vuelto rígida y se notaba que estaba nervioso.
– ¡Qué interesante, Patricia! ¿Qué…, qué eres entonces?
– ¡Gracias por hacerme la pregunta, Mathew! Soy una licántropo. -Patricia tenía las manos entrelazadas sobre la rodilla. Sus piernas estaban cruzadas. Parecía tan vivaz como una vendedora de coches de segunda mano. Alcide había hecho una buena elección. Además, si alguien acababa con ella en el momento, bueno…, no dejaba de ser la nueva.
