son la piel ulceradade un muertoal que nadie más besa.

XXII

Tú dijiste que siemprenos amaríamos,hasta sentirla carne de los labioshecha una madejade venillastronchadas de silencio.Yo dije: interroguemosal Solpor sus asuntos de brasero.

XXIII

Cada día cuando amanecese llena de sol el viento,como un hombre jovenque hincha el pecho de nostalgiay sacude la cabeza.Las mañanas con fríoes deliciosomirar hacia el océano,y ver el agua enniñecida,afrutada de luz,indestructible.

XXIV

Ni brizna de infinito.Rosa y gris a partes iguales.Ni rastro de la mujer moribunda.Mujer de labio cosido a su sollozo.Noctámbula criaturade intemperiesiempre buscando más allá.

Campesina europea en tiempos de guerra

(mediados del siglo XX)

Sé cultivar la tierra como un hombre.He criado cinco hijos,y todos fueron a la escuelapara aprender lo que está bien y mal.Al mediodía, tengo la comida preparada,hago ganchillo y vuelvo a los campostirando de la vaca,con un cántaro de leche vacíoy un fardo de jaras secas a la espalda.En la casa, cuido de los críoscada atardecer.Remiendo la ropa y doyde comer a cerdos y gallinas,cocino la cena, lavo los platos,meto a los niños en la cama,pongo un poco de orden.Cuando él estaba,esperaba a mi marido junto al fuego y,si era necesario,en el lecho saciaba su sed.


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