«Porque Min, sin duda, había reconocido el valor publicitario de que Alvirah Meehan le dijera al mundo que la ambición de toda su vida había sido ir a “Cypress Point” -pensó Elizabeth-. A Min nunca se le escapa nada.»

Tomaron la Coastal Highway.

– Se supone que este camino tenía que ser maravilloso -comentó Alvirah-, pero no me parece nada extraordinario.

– Un poco más adelante, es algo que corta e) aliento -murmuró Elizabeth.

Alvirah se enderezó en el asiento y miró a Elizabeth.

– A propósito, estuve hablando tanto que he olvidado su nombre.

– Elizabeth Lange.

Los grandes ojos marrones, agrandados por los lentes de aumento, se abrieron de par en par.

– Sé quién es usted. Usted es la hermana de Leila LaSalle. Era mi actriz favorita. Sé todo acerca de Leila y de usted. La historia de ustedes dos cuando vinieron a Nueva York siendo usted muy pequeña es tan hermosa. Dos noches antes de que muriera, vi un preestreno de su última obra. Oh, lo siento… No quería molestarla…

– Oh, está bien. Es que tengo un fuerte dolor de cabeza. Será mejor que descanse un rato…

Elizabeth se volvió hacia la ventanilla y se retocó los ojos. Para entender a Leila había que haber vivido esa niñez, ese viaje a Nueva York, el temor y las desilusiones… Y había que saber que por muy bonita que sonara la historia en la revista People, no era en absoluto una historia agradable.


El viaje en autobús desde Lexington a Nueva York duró catorce horas. Elizabeth durmió acurrucada en el asiento y con la cabeza apoyada en el regazo de Leila. Estaba un poco asustada y la entristecía pensar que cuando su madre regresara a casa descubriría que se habían ido, pero sabía que Matt la invitaría a beber y que luego la llevaría al dormitorio, y en poco tiempo estarían riendo y gritando y los muelles del colchón empezarían a sonar…



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