Yo me quedé de piedra; seguro que se me pusieron los pelos de punta. Así que la saqué del trance lo antes posible, se hizo una larga pausa y el público rompió a aplaudir. A continuación, quizá por puro desahogo, sus amigos comenzaron a felicitarla entre risas y se rompió la tensión. Después de la actuación la mujer me dijo que era protestante practicante y nada menos que seguidora de los Rangers, y juró y perjuró que no sabía latín. Pero alguien dentro de ella sí que sabía. Te lo digo yo.

– Es una historia muy interesante, Mickey -dijo Rebus sonriendo.

– Es auténtica -añadió Michael abriendo los brazos con un gesto implorante-. ¿No me crees?

– Tal vez.

Michael sacudió la cabeza.

– No debes de ser muy buen policía, John. Tuve ciento cincuenta testigos. Irrefutable.

Rebus no podía apartar la vista del dibujo de la alfombra.

– John, hay muchos que creen en vidas pasadas.

«Vidas pasadas… Él sí creía en algunas cosas… En Dios, desde luego… Pero en vidas pasadas…» De pronto, un rostro encerrado en una celda le gritó desde la alfombra.

El vaso se le cayó de la mano.

– John, ¿te encuentras bien? Dios, se diría que has visto…

– Sí, sí; no es nada -dijo Rebus recogiendo el vaso y levantándose-. No es nada… estoy bien. Es que -añadió mirando su reloj con cifras-, bueno, tengo que irme. Esta noche estoy de servicio.

Michael sonrió discretamente, contento de que su hermano se fuese y al mismo tiempo un poco incómodo por alegrarse.

– Bueno, a ver si nos vemos pronto. En territorio neutral -añadió.

– Sí -contestó Rebus, sintiendo otra vez aquel olor a manzanas caramelizadas. Notaba que se había puesto pálido, nervioso, como fuera de lugar-. Sí, ya nos veremos.

Dos o tres veces al año, en bodas, entierros, y una llamada por Navidad; se lo prometían siempre y era una promesa que se había convertido en ritual, por lo que podían renovarla y olvidarla sin problemas.



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