
– Mónica estaba chantajeándolo, lo sé. Desde que se enteró de que Jake era hijo ilegítimo, estuvo exprimiéndolo para quedarse con sus acciones de la compañía. Sé también el miedo que tenía Jake a perderlo todo. Conozco todos los asuntos turbios de mi familia, Gabe, y soy consciente de los errores que cometió mi hermano. También sé que estaba bebiendo demasiado y flaqueando en el trabajo. La presión a la que estaba sometido acabó con su matrimonio y lo hizo enfrentarse a Nate. Pero eso no significa que la matara.
Era bastante inusual que dos más dos no sumaran cuatro, pensó Gabe, pero era muy difícil discutir con una persona cegada por la lealtad hacia su hermano.
– Simplemente, he pensado que necesitabas reconocer lo mal que se presenta la situación.
– ¿Sabes lo único que reconozco? Que Mónica Malone se las ha arreglado de una u otra manera para destrozar a mi familia durante dos generaciones. Ahora está muerta, pero aun así no ha dejado de hacerlo. Aquella vieja bruja era culpable de secuestro, sabotaje, infidelidad, robo, chantaje… Y todas esas cosas las hizo en contra de la familia Fortune, empezando por la aventura que mantuvo con mi abuelo. Pero te juro que no volverá a hacernos ningún daño. Esto tiene que acabar.
– Rebecca -dijo Gabe pacientemente-. Volvamos a casa.
– No.
– A lo mejor tienes razón. Es posible que alguien entrara en la mansión después de que tu hermano se fuera y la asesinara. Pero si en esta casa hay una mínima prueba que apunte en esa dirección, te prometo que la encontraré.
– Sé que lo intentarás, y también que eres muy bueno en tu trabajo. Pero tú no tienes visión femenina, Gabe. Es muy posible que yo pueda ver cosas que tú no ves.
Gabe se frotó la cara. Viendo que no tenía sentido continuar por aquel rumbo, probó con otro.
