– No, no, nada… -Hace ademán de abrir la puerta. Alex se lo impide y se planta delante de ella.

– O me lo dices o te haré llegar tarde a clase. Venga, ¿qué te ronda por la cabeza?

– ¿A mí?

– Pues sí… ¿A quién, si no?

Niki sonríe.

– Siento curiosidad. ¿En qué pensabas esta noche mientras mirabas cómo dormía?

– Ah… -Alex exhala un suspiro y se dirige hacia la mesa-. Y yo que creía… -Se sienta y le sonríe-. Pensaba en la suerte que tengo.

Pensaba: esta chica es realmente guapa. Y además pensaba en el momento que estamos viviendo y que… Mira, casi tengo miedo de decírtelo.

Niki se acerca y lo observa con ojos exultantes, resplandecientes, llenos de entusiasmo.

– No tengas miedo, cariño, te lo ruego, dilo.

Alex la mira a los ojos, inspira profundamente y al final lo suelta.

– Pues bien, que jamás he sido tan feliz en mi vida.

– Amor mío, eso es maravilloso -Niki lo abraza extasiada, y llena de entusiasmo.

Alex la observa con disimulo mientras ella permanece entre sus brazos. Está un poco enfadado consigo mismo. Le gustaría haber dicho algo más. Pero aun así sonríe, no muestra lo que piensa. Niki se separa de él.

– Bueno, me marcho; si no, llegaré realmente tarde. -Le da un beso fugaz en los labios-. ¡Te llamo luego! -y sale dejándolo así, con media galleta en la mano y media sonrisa en la cara.

– Sí… Adiós, cariño…

Recuerda por un instante la canción de Mina: «Ahora o nunca, te lo ruego. Ahora o nunca más, estoy segura de que tú también me amas.» Sonríe y se come el último trozo de galleta. Debe dar ese salto, ahora o nunca. Bueno, tampoco es realmente así. Todavía hay tiempo. Apura el capuchino. Al menos un poco, espero.

Tres

El vestíbulo del edificio es inmenso. Todo está pintado de blanco y la luz es abundante y difusa. Los suelos son de resina y transmiten una sensación casi lunar.



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