
– ¡Aaahhh! -De repente Alessandro empieza a gritar como un loco-: ¡Aaahhh!
Ha leído que desahogarse alivia.
– Eh, tú, ¿has acabado? -Un tipo está asomado a la terraza de enfrente.
Alessandro se oculta de inmediato detrás de una enorme planta de jazmín que tiene en la terraza.
– Bueno, ¿has acabado o no? Tú, guapito de cara; te estoy viendo, ¿estás jugando a policías y ladrones?
Alessandro retrocede un poco para apartarse de la luz.
– ¡Te he pillado! Te he visto, te he pillado. Mira, estoy viendo una peli, así que, si te agobias, ve a dar una vuelta…
El tipo vuelve a meterse en casa y corre de golpe una gran puerta de vidrio, después baja las persianas. De nuevo el silencio. Alessandro se agacha y entra lentamente en la casa.
Abril. Estamos en abril. Y empieza negro. Y encima ese gilipollas… Me cojo un ático en el barrio de Trieste y resulta que el único gilipollas vive justo enfrente de mi casa. Suena el teléfono. Alessandro corre, atraviesa el salón y aguarda con un poco de esperanza. Un timbrazo. Dos. Se activa el contestador automático. «Ha llamado al 0680854… -y sigue-, deje su mensaje…» A lo mejor es ella. Alessandro se acerca al contestador esperanzado: «…después de la señal». Cierra los ojos.
– Ale, tesoro. Soy yo, tu madre. ¿Qué hay de ti? Ni siquiera respondes al móvil.
