Su mano derecha aferró el báculo-serpiente insignia de su rango sin que su cerebro tuviera que ordenárselo. Dios siguió sentado sobre la losa el tiempo suficiente para hacer otra marca en la pared, se ciñó los pliegues de la túnica alrededor del cuerpo y recorrió con paso veloz el pasadizo que hacía pendiente hasta emerger a la luz del día. Las palabras de la Invocación al Nuevo Sol ya estaban desfilando por su mente. La noche había quedado olvidada, el día se extendía delante de él. Había muchos consejos prudentes y sabios que dar, y Dios sólo existía para servir.

No puede afirmarse que Dios poseyera el dormitorio más extraño del mundo, pero sí es cierto que a lo largo de toda la historia nadie ha abierto los ojos, se ha levantado y ha salido de un dormitorio más extraño que el suyo.


Y el sol avanzaba a través del cielo.

Muchas personas se han preguntado por qué. Algunas creen que el sol es empujado por un gigantesco escarabajo pelotero. La explicación es ingeniosa, pero peca de una cierta imprecisión técnica y aparte de eso tiene el inconveniente de que, como quizá acaben revelando ciertas circunstancias futuras, posiblemente sea correcta.

El sol consiguió llegar al punto en que debía iniciar el descenso sin que le ocurriese nada desagradable

Era un espejo de cuerpo entero. Todos los asesinos tienen un espejo de cuerpo entero en su habitación porque matar a alguien yendo mal vestido sería un terrible insulto para la víctima.

Teppic se estaba observando con mucha atención. El traje le había costado hasta su última moneda, y el sastre se había permitido tantos excesos con la seda negra que cada movimiento de Teppic iba acompañado por un susurro. Sí, no estaba nada mal…

Y el dolor de cabeza parecía estarse esfumando. Teppic había pasado un día terrible, y había llegado a temer que tendría que empezar el examen con un montón de manchitas púrpuras bailoteando delante de sus ojos.



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