– Sí, pero…

Pero… Pero ellos no lo sabían. No sabían si él se había muerto rápido. Ninguno de los dos mencionó la alternativa, pero el pensamiento del viejo sin ningún tipo de ayuda en medio del campo muriéndose lentamente flotó entre ellos como una nube negra.

– El sargento Morris y muchos lugareños han registrado la granja -le dijo Mike-. Yo también he estado allí. Hemos buscado en todos los sitios en que se nos ha ocurrido que puede estar y no hemos encontrado nada, Hemos dado voces, llamándolo. Si hubiese estado vivo, habría respondido. Puede que se encuentre en un sitio en que no hayamos buscado, pero nos tiene que haber oído.

– Si ha tenido un ataque al corazón, no. Si no puede emitir la voz, tampoco -se le quebró la voz y la desesperación la ahogó-. Mike, necesito mirar. Necesito ir a buscarlo yo. Hay sitios… un sitio en especial…

– ¿Sí? ¿Es un sitio que la policía habría encontrado?

– Pensé en él durante todo el viaje hacia aquí -dijo ella, negando con la cabeza-. El abuelo me lo mostró cuando estuve aquí y habló de él como si fuese un verdadero privilegio que me lo enseñase. Era su secreto. Es una cueva…

– ¿En las sierras?

– Sí. Recuerdo que estaba en el límite de la granja, donde las sierras comienzan a hacerse más escarpadas. No recuerdo mucho más. La verdad es que ni recuerdo en qué dirección era. No había forma de explicárselo a la policía por teléfono. Y cuando llegué a la granja anoche, pensé lo estúpido que era hacer semejante viaje sólo por una corazonada. Las cosas han cambiado y mi memoria me está jugando una mala pasada. Quizás… quizás no sea capaz de encontrarla o quizás ahora es accesible y alguien ya ha buscado allí. Pero he venido por ello. Quiero cerciorarme, hacer mi pequeña contribución a la búsqueda -suspiró y volvió a mirar tristemente por la ventana-. Sé que mi padre y el abuelo se peleaban mucho, pero el abuelo veía el mundo de una forma muy parecida a la mía -luego sonrió un segundo nada más-. Mi padre y yo también peleábamos mucho.



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