
—Todavía.
—… pero estamos enzarzados en una pugna económica por los derechos del Anillo de Núcleos. Ha habido escaramuzas en el Halo. Si continúa con su forma actual, preveo ciertas rudezas e incomodidades cuando lleguemos. Oirá que le llaman imbrazasol… Imperialista Abrazasoles. Sin duda habrá comentarios sobre su piel velluda.
—¿Los mismos que hay sobre usted cuando la gente le llama nubáqueo lampiño? —La reacción del otro hombre apenas fue un momentáneo tic en el labio, pero Bey estaba acostumbrado a leer señales sutiles—. Doctor Manx, si consiguió usted vivir en la Tierra sin cambiar de forma, yo puedo hacer lo mismo en el Sistema Exterior. Estoy acostumbrado a las críticas y a los comentarios maliciosos.
—En realidad, realicé un pequeño cambio de forma mientras venía; una adaptación mínima… de lo contrario, la gravedad de la Tierra habría sido demasiado para mí. Pero en mi caso fue muy distinto. Sabía que estaría aquí sólo durante poco tiempo, hasta que usted aceptara o rechazara nuestra petición. —Manx notó la expresión de Bey, y advirtió que había cometido un error—. Naturalmente, usted ha accedido a quedarse con nosotros sólo el tiempo suficiente para una evaluación preliminar del problema. Me doy cuenta. Pero esperaba que encontrase la situación lo bastante intrigante para prolongar su estancia. No sólo por nuestro bien; por el suyo. Cuando se visita el Sistema Exterior, hay muchas cosas que ver y hacer.
—Ni hablar. Si se equivocan, no merece la pena. Si tienen razón, puedo usar un programa cuando lleguemos allí.
—Eso es verdad.
—¿Entonces a qué esperamos?
Manx señaló hacia la portilla. Bey advirtió de repente que ya no estaban esperando. La Tierra había desaparecido, y ya pasaban la Luna. El impulso sin inercia de McAndrew había sido conectado mientras hablaban, y aceleraban alejándose del Sol a más de cien ges.
