– Pero sólo para dirigirte a mí -rió Ferne-. Seguro que con otras funciona maravillosamente.

El rostro de Dante se tornó airado.

– ¿Otras? ¿No se da cuenta de que es la única que ha conseguido que ponga mi corazón a sus pies? La única… Bueno, la verdad es que normalmente me funciona.

Su vuelta al mundo real hizo que todos se echaran a reír.

– Es muy agradable conocer a una mujer que disfruta de la vida como de una aventura -añadió-. Pero supongo que sólo será mientras estás de vacaciones. Volverás a Inglaterra, a tu aburrida vida de nueve a cinco y a tu aburrido novio de nueve a cinco.

– Si tuviese novio, ¿qué estaría haciendo aquí sola? -preguntó ella.

El hizo una pausa, pero sólo por un instante.

– Te engañó-dijo él dramáticamente-. Le estás dando una lección. Cuando vuelvas, estará celoso, sobre todo cuando vea las comprometedoras fotos en que apareceremos juntos.

– ¿De verdad? ¿Y de dónde saldrán esas fotos?

– Se pueden amañar. Conozco muy buenos fotógrafos.

– Apuesto a que ninguno es tan bueno como yo -replicó ella.

– ¿Eres fotógrafa? -preguntó Hope-. ¿Periodista?

– No, trabajo en el teatro Some -un instinto inexplicable le hizo decirle a Dante-: Y no era aburrido. De todo menos eso.

Él no contestó, pero su expresión era de ironía y curiosidad. Como el modo en que asintió.

– Deja que la pobre coma tranquila -le reprendió Hope.

Finalmente, anunció que era hora de irse a la cama.

Los cuatro volvieron por el pasillo y se desearon las buenas noches.Ferne y Hope se metieron en un compartimento y Toni y Dante en el contiguo.

Cuando Ferne colgó los pantalones, unas monedas cayeron al suelo.

– Había olvidado que tenía algún dinero en el bolsillo.

– Tres euros -observó Hope-. No hubieses llegado muy lejos.

Se sentaron en la cama, bebiendo a sorbos el té que se habían traído del vagón restaurante.



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