Desde entonces el mundo se ha cubierto cada día más de sangre y de tinieblas, y a mí la vida no me ha vuelto a sonreír. He tenido que separarme de los hombres para escuchar únicamente las voces del recuerdo y acariciar una ingenua esperanza, una insistente visión: mañana lo encontrarán. Protegido por su cofre de oro, emergerá intacto de las oscuras sombras marinas, enriquecido su destino con una nueva odisea. Unos dedos podrán acariciarlo, abrirlo, hundirse en él; unos ojos cautivos seguirán de margen en margen la crónica de su aventura, descubrirán al poeta, sus primeros versos, sus primeros, embelesos, sus primeros temores. Y la secta de los Asesinos. Luego, se detendrán incrédulos ante la pintura del color de la arena y la esmeralda.


No tiene fecha ni firma, sólo estas palabras, fervientes o desengañadas: Samarcanda, el más bello rostro que la Tierra haya vuelto jamás hacía el sol.

Libro primero. POETAS Y AMANTES

Dime ¿qué hombre no ha transgredido jamás tu Ley?

Dime ¿qué placer tiene una vida sin pecado?

Si castigas con el mal el mal que te he hecho,

Dime ¿cuál es la diferencia entre Tú y yo?

Omar Jayyám


I

A veces, en Samarcanda, al atardecer de un día lento y triste, los ciudadanos ociosos van a deambular por el callejón sin salida de las dos tabernas, cerca del mercado de las pimientas, no para degustar el vino almizclado de Sogdiàn, sino para espiar idas y venidas u hostigar a algún bebedor achispado, al que arrastrarán por el polvo, cubrirán de insultos y condenarán a un infierno cuyo fuego le recordará hasta el fin de los siglos el rojo reflejo del vino tentador.



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