Reed miró alrededor de la habitación.

– Juraría que me la metí al bolsillo antes de irme de la oficina.

– ¿Llamaste? -preguntó ella, moviéndose hacia la moneda con la intención de ocultarla con su pie desnudo antes de que la mirada de Reed se posara en ella.

No quería darle explicaciones.

– ¿Puedes marcar tú?

– Claro -ella agarró el teléfono que tenía al lado de la cama y marcó el número de su teléfono móvil, poniéndose entre Reed y la moneda, con cuidado de no estropear el resultado de su caída.

Un teléfono sonó desde algún lugar del ático.

– Gracias -le dijo él, dándose vuelta en dirección a la puerta.

Unos segundos más tarde él gritó desde el salón:

– ¡La he encontrado!

Elizabeth suspiró, aliviada.

Quitó el pie y miró la posición de la moneda. Dirigió la luz del flexo hacia ésta y bajó la cabeza. Si la mesilla no se hubiera interpuesto en el camino, y la moneda hubiera seguido su curso, habría sido… ¡Sí, cara!

Levantó la moneda. La decisión estaba tomada. Iba a seguir el consejo de su mejor amiga en lugar de seguir el del profesional de la medicina.

En apariencia, su decisión chocaba con el sentido común. Pero su amiga Hanna sabía más sobre su vida que el doctor Wendell.

El doctor sabía todo sobre su salud física. Conocía sus niveles de hormonas y su ciclo menstrual. Incluso había visto una ecografía de sus ovarios. Pero no sabía nada sobre su matrimonio. No sabía que ella había estado luchando desde su primer aniversario por recuperar la sinceridad e intimidad que Reed y ella habían compartido en el comienzo de la relación.

En los cinco años que habían transcurrido desde que se había casado con Reed Wellington III, Elizabeth había aprendido que la empresa estaba primero, los negocios de Nueva York en segundo lugar, y su matrimonio bastante más abajo en la lista.

Ella sabía que un bebé podía mejorar la situación. Ambos habían querido un bebé durante años. Un bebé sería un proyecto importante para compartir, un modo de que ella encajara más claramente en el mundo de Reed, y una razón para que él pasara más tiempo en el mundo de su mujer. Ella hacía mucho tiempo que quería tener un bebé. Pero cada vez dudaba más de que un bebé fuera la solución.



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