
Ah, no el camino del amor. Ciertamente él no se enamoro de ella en 1812 (y no en 1813, 1814, 1815, ¡OH¡, rayos, ni en entre los años 1816-1822, tampoco, y seguramente no en 1823, cuando él estaba fuera del país todo el tiempo). Pero su mundo tembló, su corazón saltó, y Penelope sabía sin una sombra de duda que el también se quedo sin aliento por unos buenos diez segundos.
La caída desde un caballo, fue lo que ella hizo a un hombre.
Así paso:
Ella había ido a pasear a Hyde Park con su madre y sus dos hermanas mayores, cuando sintió un retumbar atronador bajo sus pies (diviso el polvo a lo lejos sobre la tierra). Su madre no le prestaba mucha atención (raramente lo hacía), entonces Penelope se escabulló durante un momento para ver lo que pasaba. El resto de las Featheringtons estaba en una conversación absorta con la Vizcondesa Bridgerton y su hija Daphne, que comenzaba su segunda temporada en Londres, hicieron caso omiso del ruido. Los Bridgertons eran una familia muy importante en efecto, y las conversaciones con ellos no debían ser ignoradas.
Mientras Penelope rodeaba el borde de un árbol particularmente grueso, vio a dos jinetes venir en su camino, galopando a tontas y a locas o cualquier expresión que a la gente le gusta usar para tontos montados a caballo que no se preocupan por su seguridad y bienestar. Penelope sintió que su corazón se aceleraba (habría sido difícil mantener un pulso sosegado sintiendo tanta emoción, y además, esto le permitió decir que su corazón saltó cuando se enamoro).
¡Entonces, en uno de aquellos caprichos inexplicables del destino, el viento súbitamente voló su sombrero (el cual pese al disgusto de su madre, ella no había atado correctamente la cinta rozada bajo su barbilla) directamente en el aire y, splat! Dio directamente en la cara de uno de los jinetes.
