
Y mientras Penelope pasaba sus tardes en el salón "verde y crema" en la Casa Bridgerton (o, más a menudo, en el dormitorio de Eloise donde las dos muchachas se reian y bromeaban y hablaban de todo bajo el sol con gran seriedad), ella se encontró entrando en contacto ocasional con Colin, quien a los veinte dos años aun no se había salido todavía de la casa familiar ni de la solteria.
Si Penelope pensaba que lo amaba desde antes, eso no era nada comparado con lo que sintió después llegar a conocerlo realmente. Colin Bridgerton era ingenioso, desinhibido, él tenía una actitud diabólica de bromista despreocupado que lograba el desmayo de las mujeres, pero sobre todo…
Colin Bridgerton era agradable.
Agradable. Una pequeña palabra tan tonta. Debería haber sido banal, pero de alguna manera esto lo encaja a la perfección. Él siempre tenía algo agradable para decir a Penelope, y cuando ella finalmente logro el coraje para contestarle (además de los saludos muy básicos y agradecimientos), él realmente la escuchaba. Lo que hacia todo más fácil en el próximo encuentro.
Hacia el final de la temporada, Penelope juzgó que Colin Bridgerton era el único hombre con quien ella había manejado una conversación entera.
Si eso era amor. Ah, eso era amor de amor de amor de amor de amor de amor. Una repetición tonta de palabras, quizás, pero era exactamente lo que Penelope garabateó en un papel de escribir ridículamente costoso, junto con las palabras, "Srs Colin Bridgerton" "y Penelope Bridgerton" "y Colin Colin Colin." (El papel termino en el fuego al momento en que Penelope escucho pasos en el corredor.)
Cuan maravilloso era sentir amor-incluso el de la clase unilateral – para una persona agradable. Hacia que uno se sintiera tan positivamente sensible.
Por supuesto, eso no dañó al involucrado Colin, como lo hizo con todos los demas hombres Bridgerton, fabulosamente bien parecidos.Estaba el famoso pelo castaño Bridgerton, la amplia y sonriente boca Bridgerton, los amplios hombros, la altura de seis pies, y en el caso de Colin, los ojos verdes más devastadores que alguna vez agraciaron una cara humana.
