
Dicho caballero iba a desearla más de lo que había deseado nada en toda su vida.
¡Cómo aborrecía a los hombres!
– Cassie -dijo Alice para que la mirara, cosa que ella hizo con gesto interrogante-, no tenemos amistades en Londres. ¿Cómo esperas conocer a algún caballero?
Su dama de compañía había formulado la pregunta con tono triunfal, como si deseara el fracaso de su empresa… algo que sin duda deseaba de corazón.
– Sigo siendo lady Paget, ¿o no? -Replicó con una sonrisa-. Soy la viuda de un barón. Y todavía tengo la ropa elegante y los complementos que Nigel insistía en comprarme, aunque reconozco que están algo pasados de moda. Alice, estamos en plena temporada social. Todas las personas de relevancia están en Londres y todos los días se celebran fiestas, bailes, conciertos, veladas, almuerzos al aire libre y un sinfín de entretenimientos más. No será difícil enterarse de algunos de ellos. Y no será difícil descubrir el modo de asistir a los más importantes.
– ¿Sin invitación? -le preguntó Alice, que frunció el ceño.
– Se te olvida que todas las anfitrionas desean que sus fiestas sean lo más concurridas posible. No creo que vayan a negarme la entrada allí adonde decida ir. Me limitaré a traspasar las puertas con gran desparpajo. Con una vez será suficiente. Me bastará para lograr mi propósito. Alice, esta tarde tú y yo iremos a pasear a Hyde Park. A la hora apropiada, por supuesto. Hace buen tiempo y la alta sociedad estará deseando ver y dejarse ver. Me pondré el vestido negro y el bonete con el velo tupido. Estoy segura de que se me conoce más por mi reputación que por mi físico. Hace una eternidad que no pisaba Londres. Pero no quiero arriesgarme a que alguien me reconozca tan pronto.
Alice suspiró y se acomodó en el sillón mientras meneaba la cabeza.
– Déjame escribirle una carta sensata y conciliadora a lord Paget en tu nombre -sugirió-. Cassie, no tenía derecho a echarte de Carmel House cuando decidió mudarse a la propiedad un año después de la muerte de su padre.
