
se han olvidado de todas las cosas que tanto les gustaban, la emoción de las túnicas y de los capirotes que les cubrían la cara como novelescos antifaces (Godino insiste en que la palabra nuestra es capirucho), el escándalo de las trompetas y de los tambores, el gusto de los puntos americanos que se vendían sólo en Semana Santa, pirulís de caramelo rojo rodeado por una espiral de azúcar, comprados en el puesto callejero de aquel hombre diminuto al que apodaban oportunamente Pirulí, que se murió hace unos pocos años, aunque a nosotros, que lo veníamos viendo desde niños, nos pareciera tan inmutable como la misma Semana Santa. Tampoco las atracciones de la feria les llaman ya la atención, y es como si sólo nosotros, sus padres, conserváramos algo de nostalgia y de gratitud por los modestos carruseles de hace tantos años, las cunicas, según les decíamos de niños, según les enseñamos a ellos a decir. Nada de lo que a nosotros nos gusta tiene ya significado para ellos, y de vez en cuando se nos quedan mirando con lástima o con indiferencia, y nos hacen sentirnos ridículos, vernos a través de lo que ven sus ojos en nosotros, gente gastada y mayor a la que no sienten que deban agradecerle nada, que les provoca sobre todo irritación y aburrimiento, y de la que se apartan como queriendo desprenderse de las telarañas sucias de polvo del tiempo al que nosotros pertenecemos, el pasado.
Vivir en él, en el pasado, qué más quisiera yo. Pero ya no sabe uno dónde vive, ni en qué ciudad ni en qué tiempo, ni siquiera está uno seguro de que sea la suya esa casa a la que vuelve al final de la tarde con la sensación de estar importunando, aunque se haya marchado muy temprano, sin saber tampoco muy bien adonde, o para qué, en busca de qué tarea que le permita creerse de nuevo ocupado en algo útil, necesario. En una de las últimas comidas de hermandad, la que tuvimos con motivo de la entrega a Jacob Bustamante de nuestra Medalla de Plata, Godino me reprochaba afectuosamente que llevara ya dos años seguidos sin ir a nuestra ciudad en Semana Santa.