
La noción de humanidad difiere radicalmente según el punto de vista de uno u otro. Tras eternas discusiones, hemos aceptado la idea de que el advenimiento del tercer milenio debería consagrar una era nueva, libre de nuestros antagonismos. De norte a sur, de este a oeste, ha llegado el momento de sustituir nuestra convivencia forzada por un modo operativo más eficaz…
– Esto no podía seguir así -dijo el Señor. Zofia observaba los lentos movimientos de las manos que acompañaban su voz-. El siglo veinte ha sido demasiado duro. Además, al ritmo que van las cosas, vamos a acabar por perder del todo el control, tanto Él como Yo. Y eso es intolerable, está en juego nuestra credibilidad. La Tierra no es lo único que existe en el universo; todo el mundo me mira. Los lugares santos están llenos de preguntas, pero la gente encuentra cada vez menos respuestas.
Miguel miraba el techo, incómodo. Tosió, y el Señor invitó a Zofia a seguir.
Para garantizar la legitimidad de aquel a quien incumba regir la Tierra en el transcurso del próximo milenio, nos hemos lanzado un último reto cuyos términos figuran descritos a continuación:
Enviaremos entre los hombres, durante siete días, al que consideremos nuestro mejor agente. El que resulte más capaz de arrastrar a la humanidad hacia el bien o hacia el mal obtendrá la victoria para su bando, preludio de la fusión de nuestras instituciones. El poder para administrar el nuevo mundo corresponderá al vencedor.
El manuscrito estaba firmado por Dios y por el Diablo.
Zofia levantó lentamente la cabeza. Quería leer de nuevo el texto desde el principio para comprender el origen del documento que tenía en las manos.
– Es una apuesta absurda -dijo el Señor, un tanto confuso-, pero lo hecho, hecho está.
La joven miró el pergamino. El Señor comprendió el estupor que delataban sus ojos.
– Considera este escrito una cláusula de mi testamento. Yo también me hago viejo. Es la primera vez que estoy impaciente, así que arréglatelas para que el tiempo pase deprisa -añadió, mirando por la ventana-. Pero no olvides lo limitado que es… Siempre lo ha sido, ésa fue mi primera concesión.
