– ¿Secretaria en un bufete?

– Ésa es una vida anterior. Bueno, todo ocurrió durante la consulta de los sábados de mi padre. Millie estaba enferma… ¿Te acuerdas de Millie?

– Claro que sí -dijo Vanessa. Sonrió al recordar a la enfermera de Abraham Tucker.

– Bueno, yo estaba trabajando aquel fin de semana cuando entró Jack Knight, con su casi metro noventa de estatura y sus ciento trece kilos de peso. Tenía laringitis -comentó, con un suspiro-. Allí estaba aquel enorme y atractivo tipo tratando de decirme por señas que no tenía cita, pero que quería ver al médico. Le hice un hueco entre un caso de varicela y una otitis. Mi padre lo examinó y le dio una receta. Regresó un par de horas más tarde, con un precioso ramo de violetas y una nota en la que me pedía que fuera al cine con él. ¿Cómo iba a poder resistirme?

– Siempre fuiste muy blanda -comentó Vanessa, entre risas.

– Ni que lo digas. Casi sin darme cuenta, salí a comprarme un traje de novia y empecé a aprenderlo todo sobre el abono. Te aseguro que han sido los cuatro mejores años de mi vida. Ahora, háblame de ti. Quiero que me lo cuentes todo.

Vanessa se encogió de hombros.

– Ensayos, conciertos, viajes…

– Estancias en Roma, Madrid, Mozambique…

– Esperas en aeropuertos y alojamientos en habitaciones de hotel -dijo Vanessa-. Te aseguro que no es una vida tan glamurosa como podría parecer.

– No, supongo que departir con actores famosos, dar conciertos para la reina de Inglaterra o compartir veladas románticas con millonarios puede ser bastante aburrido.

– ¿Veladas románticas? -repuso Vanessa, riendo-. Creo que no he tenido ni una velada romántica con nadie.

– Venga, Van, no me hagas salir de la burbuja. Durante años, te he imaginado brillando entre los más brillantes, siendo la celebridad más famosa de todas…

– Te aseguro que lo único que he hecho ha sido tocar el piano y viajar en avión.



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