– Y a ti no te gustará la cama de un hospital.

Geoff lo miró.

– ¿Lo dices en serio?

– ¿A ti qué te parece? Estamos hablando de mis hermanos y no pienso dejar que estropeen sus vidas por el programa.

A Finn no le gustaba amenazar a nadie, pero lo más importante era asegurarse de que Stephen y Sasha terminaban sus estudios. Haría lo que tenía que hacer y, si eso implicaba aplastar físicamente a Geoff, lo haría.

Geoff se metió el teléfono en el bolsillo.

– Mira, entiendo tu postura, pero tienes que entender la mía. Ya están dentro del programa. Tengo casi cuarenta personas trabajando para mí aquí, y un contrato con cada uno de ellos. Tengo una responsabilidad para con ellos y para con mi jefe. Aquí hay mucho dinero en juego.

– No me importa el dinero.

– A ti no, hombre de la montaña -gruñó Geoff-. Son adultos, pueden hacer lo que quieran. No puedes evitar que lo hagan. Supongamos que los echo del programa, ¿después qué? ¿Van a Los Ángeles? Por lo menos, mientras estén aquí, sabrás dónde están y qué están haciendo, ¿no?

A Finn no le gustó la lógica de su argumento, pero la agradeció.

– Puede que sí.

Geoff asintió varias veces.

– Es mejor que estén aquí donde puedes tenerlos vigilados.

– No vivo aquí.

– ¿Dónde vives?

– En Alaska.

Geoff arrugó la nariz, como si acabara de oler excremento de perro.

– ¿Pescas o algo así?

– Piloto aviones.

Inmediatamente, al rezongón productor se le iluminó la cara.

– ¿Aviones que llevan gente? ¿Aviones de verdad?

– Sí.

– ¡Genial! Necesito un piloto. Estamos planeando un viaje a Las Vegas y empleamos vuelos comerciales para abaratar costes, pero hay otros lugares, tal vez Tahoe y San Francisco. Si alquilara un avión, ¿podrías pilotarlo?



18 из 236