
Y también estaba Elizabeth. ¿Acaso Darcy había actuado correctamente con ella? La descripción que había hecho de su familia había sido rigurosamente precisa, excepto en lo que concernía a ella y a su hermana mayor. Debía reconocer que al describirle la familia a su primo, había cometido una descortesía. Dios no permitiera que ella se enterara alguna vez de sus palabras, o que alguien pensara que se referían a ella. Las circunstancias tan inapropiadas y el carácter de la familia Bennet representaban un obstáculo para Bingley. En su propio caso, eso era todavía más acertado. Y aunque la insuficiente fortuna no era la mayor preocupación para Darcy, la dificultad más insuperable estaba en la degradación que significaría semejante unión y en la vergüenza para él y su familia que representaría siempre el comportamiento de sus miembros. Siempre y cuando la dama sea agradable, había dicho Richard, exagerando despreocupadamente los efectos beneficiosos de la distancia. ¡Pero aunque la dama era más que agradable, la luna no sería suficiente distancia para negar las dificultades! Sin embargo, ¿no era cierto que él seguía atormentándose con pensamientos sobre ella, soñando con ella y aquellos condenados hilos de seda que lo sujetaban y ataban a ella?
Se llevó los dedos al bolsillo del chaleco, pero el ruido del periódico lo hizo detenerse.
