Es el mundo desamparo y la carne triste va Pero yo, la que te oprime, ¡yo no tengo soledad!

APEGADO A MÍ

Velloncito de mi carne, que en mi entraña yo tejí, velloncito friolento, ¡duérmete apegado a mí! La perdiz duerme en el trébol escuchándole latir: no te turben mis alientos, ¡duérmete apegado a mí! Hierbecita temblorosa asombrada de vivir, no te sueltes de mi pecho: ¡duérmete apegado a mí! Yo que todo lo he perdido ahora tiemblo de dormir. No resbales de mi brazo: ¡duérmete apegado a mí!

ARRORRÓ ELQUINO

A Isolina Barraza de Estay.

En la falda yo me tengo una cosa de pasmar: niña de algodón en rama, copo de desbaratar, cabellitos de vilanos y bracitos sin cuajar. Vienen gentes de Paihuano y el "mismísimo" Coguaz por llevarse novedades en su lengua lenguaraz. Y no tiene todavía la que llegan a buscar ni bautismo que le valga ni su nombre de vocear. Tanta gente y caballada en el patio y el corral por un bulto con un llanto, y una faja, y un puñal. Elquinada novedosa, resonando de metal; que se sienten en redondo como en era de trillar. Que la miren embobados, – ojos vienen y ojos van- y le pongan en hileras


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