
Me había ido -corría el año de 1946- de vacaciones de trabajo a Madagascar, con el doble fin de tomar sol y de investigar in situ las posibilidades de perfumería que podían sacarse del cultivo del ylang ylang, una flor que se da por aquellos lados y con la que hoy se fabrica nada menos que el Chanel cinco, hasta que una tarde, cansado de olorosos ejercicios con diferentes concentraciones de los pétalos, resolví dedicarme por dos días a faenas marítimas.
Al segundo crepúsculo ocurrió la pesca milagrosa. En la red que los pescadores locales habían lanzado por ¡a mañana salió atrapado el más extraño bicho que hayan visto jamás mis viejos ojos. Los nativos querían devolverlo de inmediato a la mar, tal como se rechaza un mal pensamiento casi como si fuera un demonio, que hubieran pescado, pero yo me obstiné en que lo conserváramos. Lo tuve congelado durante semanas e indagué por mar y tierra a cuál especie íctica podía pertenecer aquel monstruo marino. Hasta que me enteré de que la curadora del museo de Historia Natural de East London, Suráfrica, señora Lastimer ya había descubierto un pez de esos, ocho años atrás. Tan grande había sido su descubrimiento que a la especie encontrada se le había puesto por nombre celacanto lastimeria. Celacanto por ser como los fósiles de celacanto; Lastimeria en honor de la señora Lastimer. El rnismo nombre me orientó en los usos de su carne.
Lo que habíamos sacado pues, era nada menos que un celacanto, el más extraordinario de los fósiles vivientes. En realidad hasta 1938 se lo conocía solamente por el registro fósil y se lo creía extinguido desde los tiempos de los dinosaurios En cambio ahí seguía, tan campante, nadando cauteloso y taciturno por los profundos mares de Madagascar
Con un filete marinado de celacanto hice mi primera prueba de receta antediluviana y debo recalcar que el resultado fue pasmoso El caldo concentrado de celacanto lastimeria puedo asegurarlo cura de la culpa, y sus efectos duran al menos 38 meses, plazo en el cual es conveniente dar una dosis de refuerzo.
