
"No en las novelas que yo he leído," le aseguró él.
Susannah le lanzó una mirada con expresión vagamente irritada. "O si uno lo hace," prosiguió ella, " nunca es el héroe de la historia. "
El conde se inclinó hacia ella, sus ojos verdes centelleando con malvada promesa. "¿Y quién es el héroe de su historia, señorita Ballister? "
"No tengo un héroe," dijo ella remilgadamente. "Creía que era obvio. "
Él permaneció silencioso durante un momento, contemplándola pensativamente. "Debería," murmuró él.
Susannah sintió que sus labios se entreabrían, hasta que sintió su aliento precipitándose a través de ellos, cuando sus palabras aterrizaron suavemente sobre sus oídos. "¿Perdón?" preguntó finalmente, no del todo segura de lo que él quiso decir.
O tal vez estaba segura, y simplemente no podía creerlo.
Él sonrió ligeramente. "Una mujer como usted debería tener a un héroe," le dijo. "Un campeón, quizás. "
Ella lo miró con cejas arqueadas. "¿Me está diciendo que debería estar casada? "
Otra vez aquella sonrisa. La conocida curvatura de sus labios, como si él tuviera un secreto increíblemente bueno.
"¿Qué cree usted? "
"Creo," dijo Susannah, "que esta conversación se ha introducido en aguas asombrosamente personales. "
Él se rió, pero era un sonido cálido, divertido, que carecía completamente de la malicia que tan a menudo teñía la risa de los miembros de la temporada. "Retiro mi anterior declaración," dijo él con una amplia sonrisa. "Usted no necesita a un campeón. Usted es claramente capaz de cuidar de si misma bastante bien. "
Susannah entrecerró los ojos.
"Sí," dijo él, "eso ha sido un cumplido. "
"Con usted uno siempre debe asegurarse," comentó ella.
