‘No estarás muy maquillada tu?’

Daniela trata de responder.

‘Dejalo así, estamos retrasados como siempre’. Y esta vez Raffaella se encuentra en el espejo la mirada de Claudio.

‘Pero yo las estaba esperando a ustedes, yo estaba listo a las ocho!’

Pasan en silencio a través de los últimos pisos. En el ascensor entra el olor del estofado de la mujer del portero. Ese sabor de Sicilia se mezcla por un momento con aquella extraña compañía francesa de Caronne, Drakkar y Opium. Claudio sonríe. ‘Es la señora Terranova. Hace unos platos fabulosos.’

‘Le pone mucha cebolla’ es el juicio seguro de Raffaella, que de un tiempo para acá ha optado por la cocina francesa, con la preocupación de todos y la desesperación de la señora de servicio.

La Mercedes se para enfrente al portón.

Raffaella, con un ruido de joyería dorada, señal de recurrencias y navidades mas o menos felices, casi siempre costosas, sale adelante y las hijas detrás.

‘Se puede saber porque no acercan mas la moto Vespa al muro?’

‘Aun mas pegada al muro? Papa estas ciego’

‘Daniela, no te permito que le hables así a tu padre’

‘Escucha mama, mañana podemos ir en Vespa a la escuela?’

‘No, Babi, hace todavía mucho frió’

‘Pero tenemos el parabrisas’

‘Daniela…’

‘Pero mama, todas nuestras amigas…’

‘Las debo ver aun a todas estas amigas con la Vespa.’

‘Si es por eso, a Daniela le darán el Peugeot nuevo que en comparación, visto que te preocupa tanto, corre mas,’

Fiore, el portero, alza la barra. La Mercedes espera, como todas las noches, el lento subir de ese largo hierro con rayas rojas.

Claudio le da un saludo. Raffaella se preocupa solo de cerrar la discusión.

‘Si la próxima semana hace mas calor, veremos.’

La Mercedes sale con un poco mas de esperanza en los asientos traseros y un rayón en su espejo lateral derecho.



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